Este artículo de Enrique García-Máiquez cierra de momento el ciclo «Sobre la Academia» que hemos venido publicando en los últimos meses.
La Academia de Bellas Artes Santa Cecilia, la Academia para los portuenses, es una institución cultural de las más antiguas de la provincia que el pasado año ha celebrado el CXXV aniversario de su fundación. Recordemos que nuestras “vecinas academias” nacen años después: la Hispanoamericana de Cádiz en 1909, la de San Dionisio de Jerez en 1946 y la de San Romualdo de la Isla en 1954. La idea genial de su fundación partió desde Madrid de un prohombre portuense el Dr. Federico Rubio, de reconocido prestigio internacional, que con monumentos en Madrid y Sevilla no cuenta con uno en su propia ciudad, que parece conformarse solo con la placa en su casa.
La fundación se materializó un 6 de diciembre de 1900 en el Ayuntamiento de la ciudad, y desde el año 1911 nuestra ubicación y actividad siempre estuvo desarrollada en edificios de propiedad municipal, con independencia del color político del Consistorio. Desde sus inicios estuvo sostenida por aquellos portuenses que asumieron la condición de socios, hoy más de 300, que la entendieron como un Bien cultural y patrimonial que debía transmitirse, conservarse y protegerse, y donde han colaborado de manera ejemplar el Claustro de profesores, juntas de Gobiernos, empresas tradicionales y emergentes de la ciudad, con portuenses anónimos y nuevos amigos llegados de fuera -“paracaidistas” les llamaba cariñosamente Luis Suarez – que han luchado generación tras generación por sacarla adelante.
La Academia ha tenido, desde sus comienzos, un reconocimiento especial a personas o entidades que habían demostrado su entrega y colaboración con nuestra Academia, aquellas que han apoyado a la institución, nombrándoles Socios de Honor. Tenemos a D. José L. García Ruiz en 1901, iniciador material de la Academia; la altruista Dña. Micaela Aramburu en 1917; al filántropo D. Elías Ahuja en 1929… Y en donde se recogen numerosos apellidos portuenses hasta nuestros días: Osborne, Pico, Ortega, Caballero, Sancho, Terry, Dueñas, Pasaje…, más de treinta. Un nombramiento muy especial fue el del Conde de Barcelona en 1986, que asistió al acto acompañado de los académicos de Santa Cecilia, Alfonso Ussía Muñoz-Seca y Joaquín Solís Muñoz-Seca.
La Academia siempre ha sido una institución activa, generosa y sacrificada, como se desprende de la nota aparecida ya en la Revista Portuense de 14 de enero de 1908:
“La academia de Bellas Artes da al Puerto más, mucho más de lo que el Puerto da al benemérito Centro artístico; el Puerto, pues, por lógica incuestionable debe a la Academia una profunda estimación y un espléndido auxilio”.
En el capítulo Sombras, solo hemos tenido una imprevista y preocupante que atañe de manera directa a la estructura del edificio propiedad del Ayuntamiento, donde estamos desde hace más de cincuenta años. Los informes técnicos solicitados por la propiedad han llevado a cerrar y suspender las actividades a los 148 alumnos matriculados en este curso 25/26. Es la primera vez que sucede en su larga historia y esperamos que el Ayuntamiento resuelva esta grave contrariedad y actúe con la mayor celeridad.
La Academia lleva haciendo palpitar el corazón cultural de El Puerto 125 años, como expone magistralmente la académica y doctora Carmen Cebrián en su libro «La Academia de Bellas Artes Santa Cecilia y El Puerto de Santa María». Y es justo ahora cuando la institución necesita un empuje económico anual de nuestro Ayuntamiento para seguir adelante, porque no solo es memoria de nuestro pasado sino garantía de un futuro a su vida artística, que es patrimonio incuestionable también de nuestra ciudad y sus gentes. Se acaba de firmar un protocolo entre Ayuntamiento y la Fundación Enrique Ochoa, una buenísima noticia cultural. Solo recordar que Ochoa fue uno de los más de 30.000 alumnos que han pasado por Santa Cecilia.
Enrique García-Máiquez Académico de la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia






