Vivimos intensamente el largo y dificultoso tránsito de la Santa Cecilia de ‘academia docente’ de Bellas Artes a ‘academia ilustrada’ mediante la creación de un Cuerpo de Académicos, del que formó parte otro portuense universal, Rafael Alberti. La integración de ambos contenidos supuso una difícil aclimatación, pero se realizó con firme trayectoria, superando numerosos problemas de distintas naturalezas. La integración de ambos mundos la hace singular entre las academias andaluzas actuales. Integra, en sentido totalizante, el carácter generalista del conocimiento con la educación en las bellas artes, pensamiento y escuela, con el vivo recuerdo de la pionera de las academias: la Academia de Platón. Así abarca todo lo nuevo, pero sin pérdida de su identidad artística. También vivimos, si no estimulamos, su inclusión en la CECEL, la española Confederación de Centros de Estudios Locales.
En la España del desastre del Imperio y de la restauración, a la búsqueda de la Educación en El Puerto un conjunto de notables crea la institución docente privada Academia de Bellas Artes Santa Cecilia.
Con el advenimiento de la Democracia y de las Autonomías en el último cuarto del siglo XX español se produce una proliferación de academias territoriales (generalmente regionales, provinciales y locales), creadas prioritariamente desde los nuevos poderes políticos y, en consecuencia, como corporaciones de derecho público, con las ventajas asociadas a la seguridad presupuestaria y los inconvenientes de la dependencia y sumisión al poder político. Caso singular de esta proliferación ha sido el de Andalucía que culminó con la creación de un Instituto de Academias, al hilo del Instituto de España. En el instante original de esta proliferación de ‘academias ilustradas’ específicas, la privada ‘academia docente’ y ‘específica’ de Bellas Artes Santa Cecilia de El Puerto de Santa María entiende que, manteniendo su carácter privado, incrementar su naturaleza con la constitución como ‘academia ilustrada’ y ‘generalista’. Estas características -privada, generalista, docente, local- la hacen especialmente singular con una excepcional oferta educativa de servicio a la sociedad portuense.
La cultura académica española es pobre, la burocracia administrativa en sus diversos niveles exagerada, como mal enraizado en España, y las dificultades para lo singular -y, por ello, de especial valor- son muchas. La Academia Santa Cecilia precisa reconocimiento, atención y aprecio y requiere colaboración. Especialmente, por su carácter local, del Ayuntamiento; por su naturaleza académica, del Instituto de Academias de Andalucía. Quizás el camino de institución asociada en éste, como es el caso de la Sociedad Erasmiana de Málaga, pueda ser una vía para que la justa aspiración de la Academia Santa Cecilia se haga realidad.
Francisco González de Posada
Académico correspondiente de la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia





