Hay un largo proceso de desposesión que arranca en el siglo XIX con la división provincial y con la lotería de la capitalidad para solo unas cuantas decenas de ciudades. Las villas y ciudades pequeñas o medianas, antaño pobladas por burguesías comerciales laboriosas y pequeñas aristocracias refinadas fueron quedando al margen, y a ello se añadió el terrible hundimiento de la enseñanza en la España del XIX, tras la cesión a los ayuntamientos, previamente arruinados por las leyes desamortizadoras, de las competencias educativas. La proletarización de las clases populares, ayunas de formación para ganarse la vida decorosamente, fue una de las consecuencias de la pavorosa falta de medios.
Han pasado 125 años desde aquella sesión inaugural de un 8 de diciembre y la Academia de Santa Cecilia, tan unida desde entonces a la historia de El Puerto y a todos sus avatares, sigue siendo una institución capital de la sociedad civil que desborda con mucho el marco inicial de sus pretensiones para erigirse en una protagonista clave en la agenda social y cultural de la ciudad. Gracias al trabajo de su Junta Directiva y a la colaboración de académicos y socios, la Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia, además de cultivar su primitiva vocación formativa y docente, contribuye de forma decisiva para que El Puerto mantenga frescos sus viejos laureles artísticos, literarios y culturales. Que así siga siendo por muchos años.
Rafael Sánchez Saus
Académico de Bellas Artes Santa Cecilia.





